Juan Luis Londoño Arias (Medellín, 28 de enero de 1994) conocido por su nombre artístico Maluma, es un cantante, compositor y diseñador de modas colombiano. Desde muy joven mostró interés por el fútbol y la música. Con quince años grabó su primera canción con la ayuda de un tío; en 2010 vio clases de canto, y un año después lanzó su sencillo debut, «Farandulera», que se convirtió en un éxito en Colombia, y firmó un acuerdo de grabación con el sello Sony Music Latin. En 2012, se publicó su álbum de estudio debut, Magia, que ha vendido más de diez mil copias en Colombia. Del disco se lanzaron los sencillos «Obsesión», «Pasarla bien», «Primer amor» y «Miss Independent» que tuvieron un éxito moderado en el territorio colombiano. Con «La temperatura» ganó fama en varios países de Sudamérica y en la 14.ª Premios Grammy Latino 2013 estuvo nominado al Mejor Artista Nuevo.
En 2014 y 2015 Maluma sirvió como juez y entrenador en La Voz Kids. En octubre de 2015 salió al mercado su segundo álbum de estudio, Pretty Boy, Dirty Boy, y su primera línea de ropas. Maluma es considerado por los críticos especializados como uno de los artistas de «música urbana de mayor impacto» en Latinoamérica.

Entonces, Juan Luis Londoño eligió llamarse Maluma (Ma, por Marlli, su madre; lu, por Luis, su padre, y la última sigla, por Manuela, su hermana mayor), y decidió bien: solo en la red social Twitter, con apenas 20 años, más de un millón de usuarios lo siguen, le escriben, le envían besos o diatribas y convierten su seudónimo en tendencia nacional.
Un niño distinto

Antes de ser Maluma, la única certeza de Juan Luis respecto a su destino era que quería “hacer historia”, “ser grande”, evoca él mismo mientras intenta explicar cómo un joven de Medellín, con vocación de deportista o de negociante, pudo alcanzar la gloria musical siendo un adolescente.Lo primero, dice, es que siempre se sintió y se comportó diferente al resto.Fue el primero en ponerse un arete en el colegio; era “un necio responsable”, que en sus palabras quiere decir “lanzar uno que otro comentario a los profesores y armar el desorden de la clase, pero jamás escaparse ni perder materias”; vendía sándwiches en los descansos; escribía letras de rap en el salón; tomaba clases de baile; era pésimo en matemáticas y química, pero excelente orador en español e historia; le importaba un comino que se burlaran de su nariz aguileña, y que lo llamaran “el todero”: al tiempo que era representante de grupo, cantaba en el coro y en las misas, era el mejor amigo de muchos, el galán de casi todas, ganaba los torneos de fútbol, voleibol, ping-pong y ajedrez y presentaba magistralmente los actos cívicos.
Cristian Vallejo fue su “parcero” desde jardín infantil hasta el grado once en el colegio Hontanares de la capital antioqueña. Le ayudaba a Juan Luis con los números y casi siempre los separaban porque, juntos, “fomentaban la indisciplina”.
Foto: Archivo particular
Juan Luis Londoño no buscaba una carrera en la música. Ni siquiera la esperaba. Sin embargo, sorprendió a un grupo de productores que terminaron por ofrecerle grabar un disco.
A los cuatro años, Juan Luis Londoño empuñaba botellas como si fueran micrófonos, se ponía trapos en la cabeza y tarareaba canciones de Héctor Lavoe. A los cinco, le dedicó a su madre un bolero: “Señora bonita, hay algo en su boca, tiene algo su cuerpo, que al verla que cruza, amor me provoca”, recuerda conmovida Marlli Arias, la elogiada. (Vea en imágenes: Estos son los nombres reales de algunos famosos)
En décimo grado obtuvo el primer puesto en el concurso de canto del colegio con la canción “Tengo ganas”, de Andrés Cepeda, y consiguió el papel principal para la acostumbrada obra de teatro de diciembre. A los 15 años compuso el reguetón “No quiero” con su compañero de clase Juan José Arias; y para su cumpleaños número 16, Juan Parra, su tío, le obsequió la oportunidad de grabar el tema en un estudio profesional.
Juan Luis Londoño no buscaba una carrera en la música. Ni siquiera la esperaba. Sin embargo, sorprendió a un grupo de productores que terminaron por ofrecerle grabar un disco, no sin antes advertirle que necesitaba un nombre más sonoro, fácil de recordar y bien recibido en el círculo del género urbano.
Entonces, Juan Luis Londoño eligió llamarse Maluma (Ma, por Marlli, su madre; lu, por Luis, su padre, y la última sigla, por Manuela, su hermana mayor), y decidió bien: solo en la red social Twitter, con apenas 20 años, más de un millón de usuarios lo siguen, le escriben, le envían besos o diatribas y convierten su seudónimo en tendencia nacional.
Un niño distinto
Maluma no nació con vena de artista. Su talento para la música tampoco era extraordinario. De hecho, en casa de los Londoño Arias pensaban que “el niño” sería futbolista, y que las canciones que de vez en cuando entonaba en reuniones familiares y en el colegio venían por añadidura en un joven espontáneo e inquieto.
Antes de ser Maluma, la única certeza de Juan Luis respecto a su destino era que quería “hacer historia”, “ser grande”, evoca él mismo mientras intenta explicar cómo un joven de Medellín, con vocación de deportista o de negociante, pudo alcanzar la gloria musical siendo un adolescente.
Desde pequeño, Maluma actuaba diferente a sus compañeros de colegio. Sin cumplir 10 años ya se había puesto un arete. Foto: Archivo particular.
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Lo primero, dice, es que siempre se sintió y se comportó diferente al resto.Fue el primero en ponerse un arete en el colegio; era “un necio responsable”, que en sus palabras quiere decir “lanzar uno que otro comentario a los profesores y armar el desorden de la clase, pero jamás escaparse ni perder materias”; vendía sándwiches en los descansos; escribía letras de rap en el salón; tomaba clases de baile; era pésimo en matemáticas y química, pero excelente orador en español e historia; le importaba un comino que se burlaran de su nariz aguileña, y que lo llamaran “el todero”: al tiempo que era representante de grupo, cantaba en el coro y en las misas, era el mejor amigo de muchos, el galán de casi todas, ganaba los torneos de fútbol, voleibol, ping-pong y ajedrez y presentaba magistralmente los actos cívicos.
Cristian Vallejo fue su “parcero” desde jardín infantil hasta el grado once en el colegio Hontanares de la capital antioqueña. Le ayudaba a Juan Luis con los números y casi siempre los separaban porque, juntos, “fomentaban la indisciplina”.